Semana 4

Aprendiendo a respirar

Llevo días viendo en las redes como mucha gente acepta unos supuestos retos y se anima a colgar fotos de otros tiempos, muchas de ellas en blanco y negro, supuestamente recordando tiempos mejores. No sé por qué nos pasa, creo que un poco a todos, que cuando vives momentos difíciles parece que cualquier tiempo pasado fuera mejor. Nos volvemos nostálgicos y añoramos aquellos momentos tan felices que se quedaron plasmados en nuestra memoria, como si de una fotografía se tratara.

Y como no, a mi también me han venido algunos recuerdos estos días  en los que la única que no ha parado ha sido mi cabecita pensadora. Y me he visto a mi misma, justo hace veinte años antes, entrando en una  nueva década, la del 2000, caminando hacia una de las etapas más bonitas de mi vida.  También fue una época de grandes cambios, pues cambiábamos de moneda. Por aquel entonces yo trabajaba como recepcionista en un importante gimnasio de Terrassa y al final del día,  cuando cuadrábamos la caja,  teníamos que hacer dos cajas, la de las pesetas y la de los euros. Llevábamos relativamente poco tiempo con móviles, recuerdo que lo Cool era tener un Nokia 6110, el de la batería que duraba y duraba. Todavía no era frecuente tener internet en las casas y nos comunicábamos por SMS. Recuerdo con especial cariño este nuevo comienzo en mi vida, que aunque triste por la soledad de mi hogar cuando llegaba a casa, si que estaba rodeada de grandes compañeros y compañeras en el trabajo, un gran equipo formado por monitores, las chicas del bar, mujeres de la limpieza, mi equipo de recepción, de secretaria, la de la tienda, la de la peluquería, socios muy divertidos, un comercial de greñas muy guapetón y carismático, compañeros de batallas y momentos únicos vividos que guardo en mi memoria y en mi corazón.

Fueron tiempos de descubrimientos, de inocencia, de felicidad agridulce, de altos y bajos, de aprendizaje, de muchas horas de trabajo, de noches alegres y mañanas tristes, de esperas eternas, de amistad, del descubrir de Internet y los chats, de citas a ciegas, de Kool and the gang y Barry White, de Jueves en  Luz de Gas, de clases de body pump y de maratones de spinning. De grandes cenas de compañeros y de cafés que te quitaban la respiración. De largas charlas por teléfono, también de muchas altas  y bajas en el gym, de bonitas sorpresas y de despedidas tristes.

Cuando tu trabajo lo vives tan intensamente que te lo llevas a lo personal y no sabes cuándo es el momento de desconectar porque tu vida la vives, la trabajas y la disfrutas en el mismo  lugar donde trabajas, es cuando aparece el temido estrés. Y qué difícil me fue decir adiós a este gimnasio…que difícil me fue poder parar y cuanto me he culpado por ello.

Tres años después del comienzo de esa nueva década que prometía tantas cosas buenas, no tuve más remedio que decirles adiós y parar para respirar, aunque para mi pesar un poco tarde ya.

En esa recepción se quedó una parte de mí, una pequeña alma de 4 meses que no pudo respirar fuera de su madriguera. Otra pequeña parte de esa alma se quedó en el historial de la Mutua de la Terrassa. Despedidas duras, tristes y amargas para comenzar, a los pocos meses,  en otro lugar desde cero, con nuevos aires cerca de la playa.

La vida está llena de cambios, de finales y de nuevos comienzos, pero de todo ello hay que sacarle una parte positiva, por lo menos un aprendizaje. Yo me quedo con lo bueno, con las experiencias que seguramente me han servido, a los largo de estos 20 años, para crecer un poquito más como persona. Para saber parar cuando toca, para seguir aprendiendo y soñando, para comenzar nuevos retos, y para decir adiós a algunos trabajos, clientes y personas que, ya sea por su egoísmo o falta de empatía, me llegaron a quitar por un breve espacio de tiempo, la respiración y la alegría.   

Esta mañana me he levantado súper temprano, aunque ya había salido el sol, he hecho mi clase de gimnasia, estiramientos, abdominales y he respirado muy  hondo. Por  un momento me he visto a mi misma aprendiendo de nuevo a respirar, inhalando el aire y soltando un gran peso tras la exhalación,  visualizando una nueva oportunidad para poder hacer las cosas mejor.

Dedicado a una pequeña alma, pura y libre que siempre me ilumina el camino y que cada 11 de Julio es su aniversario.

Montse Barcons

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